miércoles, 6 de noviembre de 2019

Pasos para hacer una buena confesion




PASOS PARA HACER UNA BUENA CONFESIÓN:

1. EXAMEN DE CONCIENCIA. Esfuerzo sincero por recordar todos y cada uno de los pecados.
2. DOLOR DE LOS PECADOS. Reconocer que se ha ofendido a Dios que nos ama tanto.
3. PROPÓSITO DE NO VOLVER A PECAR. La simple y sincera determinación de no volver a pecar por amor a Dios.
4. DECIR LOS PECADOS AL SACERDOTE. De una manera concisa, concreta, clara, completa y número de veces.
5. CUMPLIR LA PENITENCIA. Cumplirla cuanto antes con humildad y dolor en desagravio, reparación y satisfacción de la culpa contraída al ofender a Dios.


Oracion antes de la comunion




ORACIÓN ANTES DE LA COMUNIÓN

Ven Espíritu Santo, capacita mi memoria para recordar las ofensas que he hecho al amor de Dios; ilumina mi inteligencia para poder comprender la gravedad de esas ofensas, y hazme sentir un dolor sincero por lo malo que he sido. AMÉN.

Oracion a San Jose




ORACIÓN A SAN JOSÉ

Acuérdate, ¡oh castísimo Esposo de la Virgen María y amable protector mio! Que jamás se ha oído decir que alguien haya solicitado tu protección e implorando tu auxilio sin haber sido consolado, Yo vengo pues, con confianza a echarme a tus pies y a encomendarme a Ti con fervor; ¡No desprecies mis suplicas padre adoptivo del redentor! Antes bien dígnate atenderlas benignamente. AMEN

Oracion para pedir la proteccion de Dios




SALMO 91
PARA PEDIR LA PROTECCION DE DIOS
Tú que habitas al Amparo del Altísimo, 
que vives a la sombra del Omnipotente, 
di al Señor: "Refugio mío, alcázar mío, 
Dios mío, confío en Ti". 

El te librará de la red del cazador, 
de la peste funesta. 
Te cubrirá con sus plumas, 
bajo sus alas te refugiarás: 
Su brazo es escudo y armadura. 

No temerás el espanto nocturno, 
ni la flecha que vuela de día, 
ni la peste que se desliza en las tinieblas, 
ni la epidemia que devasta a mediodía. 

Caerán a tu izquierda mil, 
diez mil a tu derecha; 
a ti no te alcanzará. 

Nada mirar con tus ojos, 
verás la paga de los malvados, 
porque hiciste del Señor tu refugio, 
tomaste al Altísimo por defensa. 

No se acercará la desgracia, 
ni la plaga llegará hasta tu tienda, 
porque a sus ángeles ha dado órdenes 
para que te guarden en tus caminos; 

te llevará en sus palmas, 
para que tu pie no tropiece en la piedra; 
caminarás sobre áspides y víboras, 
pisotearás leones y dragones. 

"Se puso junto a mí: lo libraré; 
lo protegeré porque conoce mi nombre, 
me invocará y lo escucharé. 

Con él estaré en la tribulación, 
lo defenderé, lo glorificaré, 
lo saciaré de largos días 
y le haré ver mi salvación".



Oracion del estudiante




ORACION DEL ESTUDIANTE

¡Oh Dios!  Fuente de la sabiduría,
principio supremo de todas las cosas.
Derrama tu luz en mi inteligencia
y aleja de ella las tinieblas
del pecado y de la ignorancia.
Concédeme penetración para entender,
memoria para retener, método para aprender,
lucidez para interpretar y expresarme.
Ayuda el comienzo de mi trabajo,
dirige su progreso, corona su fin,
por Cristo nuestro Señor. Amén.


Oracion del conductor.




ORACION DEL CONDUCTOR

Dame, Señor, mano firme y mirada vigilante,
        para que mientras conduzco no cause daño a nadie.
        A ti, Señor, que das la vida y la conservas,
        te suplico humildemente que guardes hoy mi vida.
        Libra, Señor, a quienes me acompañan, de todo mal,
        enfermedad, incendio o accidente.
        Enséñame a hacer uso de mi coche para remedio
        de las necesidades ajenas.
        Haz, Señor, que no me arrastre el vértigo de la velocidad,
        y que, admirando la belleza de este mundo, logre seguir
        y terminar felizmente mi camino.
        Te lo pido, Señor, por los méritos de tu Santísima Madre,
        y por la intercesión de San Cristóbal, especial protector de los conductores.

                Amén.

DIOS NOS INVITA A DEFENDER LA VIDA. Reflexion




Dios nos invita a defender la vida

En la trinidad existente encontramos al Padre, al hijo y al Espíritu Santo. En esta vez hablaremos al dador de la vida. El Espíritu Santo es Dios actuando en nuestra alma y vida, es la fuerza, la luz, el aliento, la paz, el consuelo, el fuego que podemos experimentar en nosotros cuando nos decidimos darle esa oportunidad a Dios que nos conduzca por verdes praderas.

Jesús es fuente de toda vida y es por ello que siempre como gran Dios lo que más le importa es la vida del ser humano. Lo que para nosotros ya no tiene esperanza para El sí y lo podemos revisar en el Evangelio de las muchas veces que Jesús redimió a muchos pecadores limpiando y perdonando dándoles una nueva vida que nadie ya se las daba. Si eso lo hace con los que somos pecadores imaginemos que no hará con los que están en un vientre queriendo nacer por diversas situaciones exteriores, aunque mucha gente busca excusas tratando de llamarlo como error.

Los que hemos experimentado al Espíritu Santo podemos decir que es una acción que trabaja en forma discreta, silenciosa y callada; el mismo creyente solo intuye una presencia imperceptible que siempre nos lleva a realizar cosas buenas y luchar por los indefensos. Y es Cristo que no invita a luchar para dar vida a los hermanos que lo necesitan, luchar por esas almas de bebes que están un vientre y que si los dejamos nacer también tienen derecho a esa felicidad que tú y yo merecemos por simplemente por ser hijos de Dios a pesar de nuestro errores y pecados. Nos hemos ganado la certeza, alegría desbordante y confianza total que Dios nos da.
Un signo enorme de Espíritu Santo es más claro en la vida, porque allí es donde se despierta y se crece, donde se comunica se expande. El Espíritu Santo siempre será dador de vida, dilata nuestro corazón, resucita lo que está muerto, despierta lo dormido, pone en movimiento lo que estaba bloqueado
Esa misma experiencia fundamental nos lleva a respetar la vida y defenderla en todos sus ámbitos si Dios la da ¿por qué nosotros debemos córtala?
Busquemos encontrar una confianza fundamental en Dios porque el mismo nos ayudara a amar la vida. Él nos ayudará afrontar la vida en todos nuestros casos difíciles, Él nos dará el ánimo para enfrentarla. Pidamos el Espíritu Santo porque Él es quien nos atrae a poder tener una visión correcta de lo que en verdad importa como seres creyentes y eso es la vida. Seamos a fieles a Dios y disfrutemos de su amor compartiéndolo con los que viven y los que están a punto de nacer.

LA SANTIDAD EN LA MUJER. Reflexion




La santidad en la mujer

La palabra <<santidad>>, proviene del verbo santificar y está fuertemente ligado a la conducta moral. En el hebreo del Antiguo Testamento: qadosh, que significa: estar limpio física y moralmente, apartado, separado, consagrado, dedicado a Dios. En el Nuevo Testamento en griego la palabra es “agios” griega que significa: sagrado, irreprensible. En la Biblia la santidad va más allá de portarse bien o simplemente no hacer el mal.

Se piensa que santo(a)s son las imágenes con las manos juntas y la mirada al cielo; se puede pensar también que los santos son unas cuantas personas muy raras; pero recordemos que desde que somos bautizados todos estamos llamados a ser santos. La verdadera santidad se vive día a día, con actos específicos y muy claramente expresando amor, fe y esperanza.

Actualmente la mujer es destinataria directa del paganismo: el sensualismo y perdida de del pudor, la descristianización, los excesos en los vicios... Por lo tanto, pensar en mujeres santas en este tiempo, puede ser imposible o, algo del pasado; el exacerbado valor a la moda, la tecnología, el hedonismo y la frivolidad a la que lleva esta corriente parece hacer más difícil encontrar mujeres santas.

La verdad es que a pesar de los males de nuestro tiempo tenemos a muchos hombres y mujeres que buscan la voluntad de Dios y aun en medio del sacrificio están en la disposición de cumplirla. La santidad en el mundo es posible y está presente por que no se trata de méritos personales, sino del imperativo divino que interpela la conciencia humana, llama, dispone, capacita y sostiene; aun cuando va más allá de la voluntad humana, no prescinde ella.

Por otra parte dentro de la iglesia católica tenemos grandes ejemplos de mujeres que han sido reconocidas como santas, por mencionar algunos nombres de santas de nuestra época Edith Stein (filosofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío llamada Santa Teresa Benedicta de la Cruz), la madre teresa de Calcuta (santa, monja católica de origen albanés, que fundó en la India la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta), Santa Gianna Beretta Molla (médica pediatra y laica católica italiana, muerta prematuramente de un cáncer uterino, pero prefiriendo salvar la vida de su hija aún no nacida antes que la suya).

Recientemente en la página ORAR EVANGELIZANDO, muchas mujeres me escriben para pedir oraciones por su conversión personal, a ellas humildemente les comparto algunas sugerencias con el deseo que les pueda servir:

1.       Si quieres ser mejor persona y te duele tu pecado, ya iniciaste.
2.       El mal es una deformación del bien, el peor de los defectos tiene de fondo una virtud mal empleada; por lo tanto, antes de dejar de hacer el mal, piensa en que cosas vas a empezar a hacer bien.
3.       No es posible cambiar por una determinación humana, en necesaria la gracia de Dios, por tanto: visitar frecuentemente a Jesús sacramentado, practica los sacramentos con frecuencia, lee y reflexiona la Palabra de Dios.
4.       Practicar la caridad desprendiéndote de tu tiempo y dando un lugar decoroso al prójimo.
5.       Huye de las ocasiones de mal.

Dice la Palabra de Dios en 1Pe 1, 15-16 << Sean santos, como Dios, que los ha llamado, es santo>>.

Por último, se dice por ahí que <<venimos al mundo a ser felices>> y, esa expresión, nos gusta a todos, pero no es verdad absoluta, en realidad venimos al mundo a ser santos, y santo es aquel que hace la Voluntad de Dios. En esa Voluntad esta nuestra plenitud y por supuesto, nuestra realización personal, salvación y gozo.

La santidad en la mujer
La palabra <<santidad>>, proviene del verbo santificar y está fuertemente ligado a la conducta moral. En el hebreo del Antiguo Testamento: qadosh, que significa: estar limpio física y moralmente, apartado, separado, consagrado, dedicado a Dios. En el Nuevo Testamento en griego la palabra es “agios” griega que significa: sagrado, irreprensible. En la Biblia la santidad va más allá de portarse bien o simplemente no hacer el mal.

Se piensa que santo(a)s son las imágenes con las manos juntas y la mirada al cielo; se puede pensar también que los santos son unas cuantas personas muy raras; pero recordemos que desde que somos bautizados todos estamos llamados a ser santos. La verdadera santidad se vive día a día, con actos específicos y muy claramente expresando amor, fe y esperanza.

Actualmente la mujer es destinataria directa del paganismo: el sensualismo y perdida de del pudor, la descristianización, los excesos en los vicios... Por lo tanto, pensar en mujeres santas en este tiempo, puede ser imposible o, algo del pasado; el exacerbado valor a la moda, la tecnología, el hedonismo y la frivolidad a la que lleva esta corriente parece hacer más difícil encontrar mujeres santas.

La verdad es que a pesar de los males de nuestro tiempo tenemos a muchos hombres y mujeres que buscan la voluntad de Dios y aun en medio del sacrificio están en la disposición de cumplirla. La santidad en el mundo es posible y está presente por que no se trata de méritos personales, sino del imperativo divino que interpela la conciencia humana, llama, dispone, capacita y sostiene; aun cuando va más allá de la voluntad humana, no prescinde ella.

Por otra parte dentro de la iglesia católica tenemos grandes ejemplos de mujeres que han sido reconocidas como santas, por mencionar algunos nombres de santas de nuestra época Edith Stein (filosofa, mística, religiosa carmelita, mártir y santa alemana de origen judío llamada Santa Teresa Benedicta de la Cruz), la madre teresa de Calcuta (santa, monja católica de origen albanés, que fundó en la India la congregación de las Misioneras de la Caridad en Calcuta), Santa Gianna Beretta Molla (médica pediatra y laica católica italiana, muerta prematuramente de un cáncer uterino, pero prefiriendo salvar la vida de su hija aún no nacida antes que la suya).

Recientemente en la página ORAR EVANGELIZANDO, muchas mujeres me escriben para pedir oraciones por su conversión personal, a ellas humildemente les comparto algunas sugerencias con el deseo que les pueda servir:

1.       Si quieres ser mejor persona y te duele tu pecado, ya iniciaste.
2.       El mal es una deformación del bien, el peor de los defectos tiene de fondo una virtud mal empleada; por lo tanto, antes de dejar de hacer el mal, piensa en que cosas vas a empezar a hacer bien.
3.       No es posible cambiar por una determinación humana, en necesaria la gracia de Dios, por tanto: visitar frecuentemente a Jesús sacramentado, practica los sacramentos con frecuencia, lee y reflexiona la Palabra de Dios.
4.       Practicar la caridad desprendiéndote de tu tiempo y dando un lugar decoroso al prójimo.
5.       Huye de las ocasiones de mal.

Dice la Palabra de Dios en 1Pe 1, 15-16 << Sean santos, como Dios, que los ha llamado, es santo>>.

Por último, se dice por ahí que <<venimos al mundo a ser felices>> y, esa expresión, nos gusta a todos, pero no es verdad absoluta, en realidad venimos al mundo a ser santos, y santo es aquel que hace la Voluntad de Dios. En esa Voluntad esta nuestra plenitud y por supuesto, nuestra realización personal, salvación y gozo.


martes, 5 de noviembre de 2019

11. LA NATURALEZA HUMANA DE JESÚS. PARTE II. Exegesis




LA NATURALEZA HUMANA DE JESÚS. PARTE II


El ungido de Dios resalta la importancia sobre el “perdón”, ya que ante una pregunta de Pedro sobre el tema, le instruye que hay que perdonar “setenta veces siete”, es decir, estaba diciendo que el amor verdadero no le pone límite al perdón con el prójimo; teniendo en cuenta que los fariseos recalcaban que sólo se debía perdonar a alguien máximo tres veces (Mateo 18,21-22). Pensemos igualmente en la ternura con que sanó a cierto leproso. Compadecido lo tocó y le dijo: “Quiero” (Marcos 1,40-42). La gente decía: “¡Todo lo ha hecho bien! ¡Hasta hace oír a los sordos y hablar a los mudos! (Marcos 7,37), y en vez de pregonar su poder, en muchas ocasiones mandó a los sanados que no contaran a nadie lo ocurrido (Marcos 5,43; 7,36). En ocasiones, personas poseídas por espíritus inmundos gritaban a Jesús. En esas circunstancias, El conservaba la calma, recurriendo a su poder divino para liberarlas de esa dominación maléfica (Marcos 1,23-28; 5,2-8.15). A diferencia de los hombres egoístas que abusaban del poder, nunca utilizó sus facultades poderosas en beneficio propio o para hacer daño (Mateo 4,2-4), también se negó a ejecutar señales solo para satisfacer la curiosidad malsana, como cuando estuvo delante de Herodes Antipas (Lucas 23,8-9).

Tiene alegría por la buena cosecha espiritual de los setenta y dos discípulos (Lucas 10,21), y asombro ante la noticia de la muerte de  Lázaro en Betania (Juan 11,33), siente enojo y a la vez tristeza por los judíos que dudaban de su poder curativo (Marcos 3,5; 9,19), reprende a Santiago y Juan por su deseo de venganza contra los samaritanos (Lucas 9,55), además de ira santa por los mercaderes que habían profanado el templo de Jerusalén (Juan 2,13-16; Mateo 21, 12-13), llora por el terrible castigo que le aguardaba a la Ciudad Santa (Lucas 19, 41-44), y por el fallecimiento de su amigo (Juan 11, 35).
Al acercarse los días de su trágico destino, sufre intensamente por la prueba que tendrá que padecer (Marcos 8, 31; Lucas 12, 50; 24,26). Le duele la traición de Judas (Juan 13, 21). Llegada  la hora suprema vive una tremenda angustia en el jardín de Getsemaní (Marcos 14, 35-36; Juan 12, 27), hasta el punto de que su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre que le caían por el rostro (Lucas 22, 44). Pues “mientras Cristo estuvo viviendo aquí en el mundo con voz fuerte y muchas lágrimas, oró y suplicó a Dios; quien tenía poder para liberarlo de la muerte” (Hebreos 5,7). Igualmente, demostró valor al enfrentarse a una agitada multitud que lo buscaba para arrestarlo (Juan 18,4-9). A diferencia de los hombres egoístas que abusaban del poder, nunca utilizó sus facultades poderosas en beneficio propio o para hacer daño (Mateo 4,2-4), también se negó a ejecutar señales solo para satisfacer la curiosidad malsana, como cuando estuvo delante de Herodes Antipas (Lucas 23,8-9).
“Era un hombre lleno de dolor, acostumbrado al sufrimiento” (Isaías 53,3; 1 Pedro 2, 21). “Cuando le maldecían, no respondía con maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente” (1 Pedro 2,23). “Porque tampoco Cristo buscó agradarse a  si mismo, al contrario, en él se cumplió lo que dice la Escritura: “Las ofensas de los que te insultaban cayeron sobre mi.” (Romanos 15,3). O también: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias’” (Isaías 53,4; Mateo 8, 16-17). Ya en la cruz se encuentra abandonado por su padre en los cielos (Mateo 27, 46; Salmo 22, 1-2). Finalmente grita y muere con dolor (Mateo 27,50), cumpliendo así con la misión por la cual había venido al mundo: “Consummatum ets!” (Juan 19,30).




Todo esto pasó “porque Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para siempre. El era bueno, pero sufrió por los malos, para llevarlos a ustedes a Dios” (1 Pedro 3,18). “Así que Cristo, a pesar de ser Hijo, sufriendo aprendió a obedecer” (Hebreos 5,8), y “se humilló a sí mismo, y por obediencia fue a la muerte, a la vergonzosa muerte de la cruz” (Filipenses 2,8; Comparar con Hebreos 12,2). El “nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apocalipsis 1,5; Comparar con Gálatas 2,20). Es eternamente misericordioso con los hombres (1 Juan 2,1; Judas 21). Ama intensamente a los apóstoles hasta el final (Juan 13, 1; 15, 9-10), y a toda la humanidad (Efesios 3,19; 5,2). Intercede ante el tribunal de su Padre por toda la humanidad (Romanos 8,34; 1 Timoteo 2,5; Hebreos 7,25). Por esta razón, “no hay  duda  de  que  el  secreto  de  nuestra  religión  es muy grande: Cristo se manifestó en su condición de hombre, triunfó en su condición de espíritu y fue visto por los ángeles. Fue anunciado a las naciones, creído en el mundo y recibido en la gloria” (1 Timoteo 3, 16).

San Cipriano, obispo mártir del siglo III, tiene una preciosa oración sobre Jesús: “Hermanos queridos, son muchos y grandes los beneficios de Dios, que la bondad generosa y copiosa de Dios Padre y de Cristo ha realizado y realizará por nuestra salvación; de hecho, para preservarnos, para darnos una vida y podernos redimir, el Padre mandó al Hijo; el Hijo, que había sido enviado, quiso ser llamado también Hijo del hombre para convertirnos en hijos de Dios: se humilló para elevar al pueblo que antes estaba postrado por tierra, fue herido para curar nuestras heridas, se convirtió en esclavo para liberarnos a nosotros, que éramos esclavos. Aceptó la muerte para poder ofrecer a los mortales la inmortalidad. Estos son los numerosos y grandes dones de la misericordia divina”.








10. LA NATURALEZA HUMANA DE JESÚS. PARTE I. Exegesis




El hijo de Dios sólo podía ser verdaderamente el Redentor del género humano, si adoptaba enteramente un cuerpo y un alma humana, con todo lo que implicaba haber tenido nuestra propia naturaleza (Hebreos 2,14). Es decir, Cristo asumió la homoioma de nuestra humanidad en cuanto a la carne al haber nacido del vientre de la Virgen María (Romanos 8,3; Filipenses 2,7). Sin embargo, por el mismo hecho de ser Dios, no tuvo en su vida terrenal caída alguna. “Porque él también estuvo sometido a las mismas pruebas que nosotros; sólo que él jamás pecó”  (Hebreos 4,15), ya que  “nunca cometió ningún crimen ni hubo engaño en su boca” (Isaías 53,9; 1 Pedro 2,22), “Él es santo, sin mancha, apartado de los pecadores” (Hebreos 7,26), puesto que “ha sido hecho perfecto para siempre” (7,28), como hombre celestial (1 Corintios 15,47). Pues “por un poco tiempo, Dios hizo (a su Hijo) algo menor que los ángeles” (Hebreos 2,9), teniendo un desarrollo normal, ya que fue creciendo en cuerpo y mente, gozando del favor de Dios y de los hombres (Lucas 2,52; Proverbios 3,4).

Las Sagradas Escrituras relatan que “Cuando se cumplió el tiempo, Dios envió a su Hijo, que nació de una mujer, sometido a la ley de Moisés” (Gálatas 4,4). “Por medio de los profetas, Dios había comunicado este mensaje que trata de su Hijo Jesucristo, Nuestro Señor, que como hombre es descendiente del rey David” (Romanos 1, 3-4; 2 Timoteo 2,8), porque Él mismo “tomando naturaleza de siervo nació como hombre” (Filipenses 2,7). En cuanto a lo humano es de raza judía (Romanos 9,5), de la tribu de Judá (Hebreos 7,14).





De la vida pública de Jesucristo la Santa Biblia nos aportan una abundante información sobre las necesidades físicas, virtudes y pasiones que sintió en carne propia. Experimentó el aguijón del hambre (Mateo 4,2; 21,18; Lucas 24,41-42), le pide agua de beber a la mujer samaritana (Juan 4,6-8), siente nuevamente sed cuando está en la cruz (Juan 19, 28-30). Oraba en las madrugadas (Marcos 1,35) y al final del día (Mateo 14,23), alejándose del clamor de las multitudes, como en el desierto y las montañas (Lucas 4,42; 5,16; Mateo 14,23). Enseñaba el mensaje de la redención en las aldeas y pueblos de Israel (Mateo 9,35), en los caminos de Samaria (Juan 4,5-6), a orillas del lago de Galilea (Marcos 3,9), en la barca de Pedro (Lucas 5,2-3), en lo alto de un monte (Mateo 5,1; Juan 6,3), en las sinagogas y en el templo de Jerusalén (Juan 18,20; Lucas 19,47). En varias ocasiones llega al cansancio y el agotamiento físico (Marcos 4, 38; Juan 4,6). Cuando se sentía extenuado por las duras jornadas de predicación se iba a solas con los apóstoles (Marcos 6, 30-32), también lo hacía a Cafarnaúm en Galilea (Juan 6,15-21), y otras veces a Betania (Marcos 11,11-12) y Efrem (Juan 11,54), dos ciudades próximas a Jerusalén de Judea.

Su personalidad era atrayente, pues tenía una mirada penetrante (Marcos 5,32-33; 8,33). Los apóstoles y los discípulos sienten temor y asombro, por sus doctrinas y prodigios (Marcos 4,41; 6,51; 9,6.32; 10,24.32). Conocía el corazón de los hombres ((Juan 2,24-25; 6,64). Hasta quienes pecaban gravemente se sintieron cautivados hacía Él (Mateo 9,9-13; Lucas 7,36-38; 19,1-10). Los fariseos sentían miedo, porque la gente estaba sorprendida por sus enseñanzas (Marcos 11,18; Juan 7,15.32), al igual que toda la multitud (Marcos 9,15), “porque lo hacía con plena autoridad, y no como sus maestros de la ley” (Mateo 7,28-29; Lucas 4,22.32), hablando siempre con la verdad (Marcos 12,14), sin necesidad de gritar o levantar la voz (Isaías 42,2; Mateo 12,19). Incluso, cuando estuvo sometido a presión, su manera de proclamar la verdad atraía a las personas sinceras (Juan 7,32.40.45-46). Fue accesible y bondadoso, y todo lo hizo por amor (Mateo 19,13-15; Juan 15,12).

Dio ánimo a sus esforzados apóstoles (Juan capítulos 13 a 17), lidiando con las rivalidades que surgían entre ellos (Marcos 9,33-37; Lucas 9,46-48; 22,24-27; Juan 13,14), tuvo en consideración sus limitaciones estando siempre dispuesto a perdonarlos (Marcos 10,35-45; 14,34-38. 66-72; Lucas 22,31-32; Juan 15,15; 16,12; 21,15-17). Tampoco les impuso sus opiniones. Al contrario, los animaba a expresarse con libertad (Mateo 16,13-15). Cuando trataba con los pecadores tenía en cuenta su determinación por cambiar (Lucas 7,37-50; 19,2- 10). Amaba la justicia, por lo que se llenó de recta indignación al ver a los abusivos mercaderes del templo lucrarse con la gente pobre y sencilla (Mateo 21,12-13). No quería que la muchedumbre sacara conclusiones acerca de su persona basándose en informes sensacionalistas (Mateo 12,15-19).

Fue profundamente sensible con las criaturas  humanas  (2 Corintios 10,1), multiplica en dos oportunidades los panes y los peces, para dar de comer a la multitud hambrienta que lo seguía a todas partes (Mateo 14, 13-21; 15, 32-38). Sin embargo, nunca utilizó su propio poder divino en beneficio propio, como cuando después de 40 día ayunando en el desierto, se negó a convertir las piedras en panes, tal como el Diablo se lo pidió (Mateo 4,2-4).

A todos los que lo sigue los llama “amigos” (Juan 15,14), es  tierno con  los  niños  que  se acercaban a su lado (Marcos 10, 13-16), siente cariño ante la primera confesión del príncipe de la sinagoga (Marcos 10,20-21), es paciente y humilde de corazón (Mateo 11,29; Marcos 10,13-16), hasta el punto que dirigía a Dios su Padre la alabanza y la honra (Marcos 10,17-18), al igual que sus oraciones (Mateo 11,25). Ama la justicia y odia la maldad (Hebreos 1,9).






Cuando lo consideró necesario, ilustraba sus predicaciones con ejemplos o pasajes de las Santas Escrituras (Mateo 12,38-42; 15,1-9; 16,1-4; 21,13; Juan 6,45; 8,17), las citaba y sabía exactamente qué texto usar en cada situación (Mateo 4,4; 7.10; 12,1-5; Lucas 4,16-21), “y sin parábolas no les hablaba” (Mateo 13,34). En su predicación Jesús afirmó y sostuvo la autoridad de la ley (Mateo 5,17-19), y como Dios encarnado la expuso, quitando las interpretaciones erróneas, dándole su verdadero significado espiritual (Mateo 7,12), y mostró como su fundamento era el amor (Mateo 22,34-40). Su exhortación era una ofensa a la gente de su pueblo (Marcos 6,3), para los fariseos (Mateo 15,12), los judíos (Juan 6,61.66), y sus discípulos (Marcos 14,27), y por eso las opiniones estaban divididas con respeto a su persona (Juan 7,12).

De hecho, en vez de enseñar sus propias ideas, habló en nombre de aquel que lo había enviado (Juan 7,16-18; 8,28; 12,49; 14,10), con toda humildad, haciendo su voluntad, y sin ningún tipo de pretensión de su parte (Salmo 40,8; Mateo 26,42; Juan 5,41; 6,38; 8,50). Por el contrario, cuando era obvio que hablar no serviría de nada, optó sencillamente por quedarse callado (Marcos 15,2-5; Lucas 22, 67-70). Ilustró que la Ley del Señor debía aplicarse de manera razonable y misericordiosa (Mateo 23,23), además actuó con justicia al predicar a ricos y pobres por igual (Mateo 11,5; Lucas 18, 18-23). Exhortaba siempre con su ejemplo (Juan 13,15). Igualmente, dedicó gran parte de su tiempo a hacer preguntas, pues le interesaba profundamente lo que pensaban y sentían sus oyentes (Mateo Mateo 12,24-30; 17,24-27; 22,41-46; Marcos 8,27-29).

“La gente empezó a alabar a Dios, diciendo- Un gran profeta ha aparecido entre nosotros” (Lucas 7,16),“enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos” (Lucas 4,15), otros decían: “Es un buen hombre” (Juan 7,12), “Este es el Mesías” (Juan 7,40-41), el “Hijo de David” (Mateo 15,22), el “Cristo de Dios” (Lucas 23,35), “el Hijo de Dios, que ha venido al mundo” (Juan 11,27), “santo y justo” (Hechos 3,14), el “Salvador del mundo” (Juan 4,42).

En cierta ocasión, varios soldados enviados para detenerlo regresaron con las manos vacías, y dijeron: “Nunca hombre alguno ha hablado como éste” (Juan 7,46), “poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo” (Lucas 24,19), sus palabras son Espíritu y Vida (Mateo 23,8). Todo el pueblo le escuchaba y estaba pendiente de sus palabra” (Lucas 19,48), sintiéndose atraídos por su forma de enseñar (Mateo 7,28-29). O tanbién “muchísima gente” permaneció junto a él durante tres días, al punto de quedarse sin comida (Marcos 8,1-2).














9. LA NATURALEZA DIVINA DE JESÚS PARTE II. Exegesis




Cristo Jesús es el UNIGENITO de Dios (Juan 1,14). El vocablo UNIGENITO en griego es monogenes, que se deriva del adjetivo de genos, ORIGEN, RAZA, INJERTO etc. De manera que monogenes puede traducirse UNO DE UNA CLASE, dando a entender que Jesucristo es consustancial al Padre, Él es Hijo de Dios en forma única. La revelación de Yahveh al hombre (Juan 1,18), y la salvación eterna a través del Hijo (Juan 3,16; 1 Juan 4,9).
El apóstol de los gentiles se refiere a Hijo del hombre como el<<primogénito(prototokos)de toda creación”>>(Colosenses 1,15. Comparar con Hebreos 1,6). Los arrianos usaban estos dos pasajes como evidencia de que Cristo era un ser creado, pero los exegetas han definido que el Mesías tiene autoridad sobre todo lo creado (sin que Él mismo haya sido creado). La palabra declara que el Emmanuel es el Señor de la creación porque como primogénito es el heredero del orden creado. Es decir, lo que es anterior al tiempo debe pertenecer al orden de la eternidad (Véase Isaías 9,5; Juan 1,1).

Del mismo modo Apocalipsis 3,14, afirma que Jesucristo es <<el principio de la creación de Dios>>. Los autores del Nuevo Testamento y los de otras obras griegas contemporáneas a veces usaban el vocablo arjeCE (principio), para aludir a una posición más bien que al tiempo, o también a ORIGEN o CAUSA. La frase podría interpretarse como que el Unigénito de Yahvé es el PRINCIPE DE LA CREACION o el PRINCIPADOR (originador) de la creación. Y cualquiera de estos conceptos concuerda mejor con el cuadro neo-testamentario.
Cuando el mismo San Pablo en la epístola a los Filipenses 2,6-7, habla de Jesús <<el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres>>. Podemos explicar dos cosas:

v La expresión EN FORMA DE DIOS (morphê Theou) es la naturaleza divina real e inseparablemente subsistente en la persona del Mesías. Él siempre tuvo la naturaleza misma de Yahvé su Padre, ya que es explicada como IGUAL A DIOS (isa Theō). La palabra griega (isa) es un adverbio, y por lo tanto describe la forma de existencia en que se encontraba antes de adquirir su naturaleza humana.
v El término griego kenosis, que viene de kenoó que traduce SE DESPOJO ASI MISMO, se utiliza en el NT en forma metafórica más bien que literal. Los exegetas han aclarado que Él retuvo su naturaleza y atributos de Dios (en morphê Theou hyparchón) (Comparar con Mateo 11,27; Marcos 1,1; Juan 3,13; 14,9; Romanos 1,4).

Del mismo modo, <<Nadie ha visto jamás a Dios, el hijo único, que es Dios y que vive en íntima comunión con el Padre, es quien nos lo ha dado a conocer>> (Juan 1,18). Dios quiso habitar en la persona de Cristo (Colosenses 1,19), quien es de Dios (Juan 9,33; 1 Corintios 3,23) y  procede de Dios (Juan 7, 29; 8,42). <<Porque así como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha hecho que el Hijo tenga vida en sí mismo>> (Juan 5,26); pues la gloria de Dios brilla en la cara de Jesucristo (2 Corintios 4,6).<<Cristo el que está por encima de todas las cosas, Dios bendito por los siglos>> (Romanos 9,5). Por esta razón, los fariseos lo atacaban porque siendo un hombre se hacía igual a  Dios (Juan 5,18; 10,33).




Percatados de esta verdad, Cristo Jesús fue por eso adorado por los magos de Oriente (Mateo 2, 11), por el ciego de nacimiento al que le dio la vista (Juan 9,35-38), por las mujeres que se lo encontraron después de la resurrección (Mateo 28,9), por los apóstoles cuando lo vieron regresar a la presencia del Padre (Mateo 28,17; Lucas 24,52), y por los ángeles del cielo (Hebreos 1,6). Como si fuera poco, el mismo Señor Jesús puso de manifiesto varias veces su naturaleza divina, pues <<nadie conoce al hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el hijo se lo quiera revelar>>(Mateo 11,27), <<Yo y el Padre somos una sola cosa>> (Juan 10,30), <<el Padre está en mí y yo en el Padre>> (Juan 10,38), <<crean en Dios y crean también en mí>> (Juan 14,1), <<porque todo lo que tiene el padre es mío>> (Juan 16,15). Por todas estas declaraciones, el Unigénito de Dios puede decir con autoridad: <<Nadie va al Padre sino por mí, si me habéis conocido a mí, conocéis también a mi Padre, y desde ahora lo conocéis y lo veis>> (Juan 14,7).
N. S. Jesucristo dijo enfáticamente <<el que no honra al hijo no honra al Padre que lo envió>> (Juan 5,23). Es importante anotar que el principal término hebreo que significa HONRA es ka·vóhdh, cuyo significado literal es PESO. De modo que a la persona a la que se honra se la considera de peso, de valía. En griego, el nombre ti·mḗ transmite la idea de REVERENCIA, HONOR, HONRA, ESTIMA, VALOR o PRECIADO. En conclusión, honra significa demostración de aprecio que se hace a una persona reconociendo su virtud y su mérito. Asimismo, los milagros de Cristo (Lucas 9,43) y su transfiguración en el monte Tabor (2 Pedro 1,16-17), revelan la majestad (megaleiotés) que le viene de Dios Padre. Además, ambos reciben la misma gloria (doxa) (Juan 17,5), y adoración (latreúo) (Apocalipsis 5,14; 22,3).






Por otra parte, los apóstoles  Pablo y Pedro nombran a Jesucristo en sus cartas como DIOS Y SALVADOR theou kai soteros (Tito 2,13; 2 Pedro 1,1); título que también recibe “DIOS PADRE” (Daniel 6, 27,1 Timoteo 2,3; 4,10; Tito 3,4). Es más, en la resurrección del Mesías, el apóstol Tomás exclama maravillado y convencido: <<¡Señor mío y Dios mío!>>  Kírios moy kai Theós moy (Juan 20,28); Comparar con (1 Reyes 3,7: Salmo 86,12). Por su parte, San Juan concluye diciendo:<<Vivimos unidos al que es verdadero, es decir, a su hijo Jesucristo. Este es el Dios verdadero y la vida eterna >> (1 Juan 5,20), comparar con (Juan 17,3). Igualmente, hay varios pasajes bíblicos donde se nombra a Jesús como el Pantokrátor, término griego para TODOPEROSO. En un sentido literal implica <<Gobernante sobre Todo; Aquel Que Tiene Todo el Poder>>. (Juan 1,3; Mateo 28,18; Apocalipsis 1,8).



8. LA NATURALEZA DIVINA DE JESÚS. PARTE I. Exegesis




LA NATURALEZA DIVINA DE JESÚS PARTE I



En el Antiguo Testamento el profeta Isaías había revelado al pueblo de Israel que el HIJO DE DIOS sería llamado el Emmanuel (7,14), que en hebreo traduce DIOS CON NOSOTROS. Igualmente, el mismo profeta en otro de sus apartes lo llamó también DIOS INVENCIBLE (9,6); el autor de la carta a los hebreos (1,8) agrega: más del Hijo dice (el Padre): Tu trono, OH Dios, por el siglo del siglo, cetro de equidad es el cetro de tu reino (Véase también Salmo 45,6-7). Del mismo modo, el nombre de JESUS quiere decir en hebreo DIOS SALVA; así lo identificó el Arcángel San Gabriel al anunciarle a la Virgen María su misión (Lucas 1,31-33).

Claro está, que el libro bíblico donde más se hace alusión a la naturaleza divina de Jesús se encuentra condensado en el evangelio de San Juan; escrito en la ciudad de Éfeso a finales del siglo I, por petición de los obispos de Asia Menor, para refutar y aclarar el error teológico que empezaba a extender un hereje de nombre Cerinto en compañía de los ebionitas, los cuales negaban esta verdad de Fe. Así lo demuestra el prólogo: En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios (En archê en ho Logos kai ho Logos en pros ton Theon kai ho Logos en Theos). Comparar con (1 Juan 1,1-3).

El prólogo del evangelio de Juan versos 1 al 3 y 14, establece tres facetas principales del Logos Theou (el Verbo ontológico encarnado) y su actividad:

Ø Su divinidad e íntima relación con el Padre desde toda la eternidad.
Ø Su obra como agente de la creación del universo.
Ø Su encarnación por medio de la Virgen María.



El evangelista utiliza dos verbos griegos que en español son el equivalente a SER, EXISTIR o ESTAR. Estos son: en, que se puede definir como existir sin principio en el tiempo. El segundo, egenetos significa existir con un principio. En el capítulo uno en los versículos 1 al 2, el Apóstol utiliza 4 veces el verbo en para referirse a Cristo. Al transcribir el texto, lo pondremos en mayúsculas: En el principio EXISTÍA la Palabra y la Palabra ESTABA con Dios, y la Palabra ERA Dios. Ella ESTABA en el principio con Dios. En el versículo 3, al hablar de la creación emplea el verbo egenetos. Todo se HIZO por ella y sin ella no se HIZO nada de cuanto existe. Claramente, San Juan hace una diferencia entre el creador, Jesús, quien siendo Dios no tuvo principio ni tendrá fin, y la creación que sí tuvo un comienzo.
Las Sagradas Escrituras nos indican que Jesús no fue CREADO sino ENGENDRADO. En forma metafórica equivale a decir ENGENDRADO DE DIOS (gennétheis ek tou Theou) (Salmo 2,7; Proverbios 8,25; Hechos 13,33; Hebreos 1,5; 5,5), o usualmente NACIDO DE DIOS (gegennémenos ek tou Theou) (1 Juan 5,18). El aoristo gennétheis describe la acción realizada una vez y para siempre, mientras que el perfecto gegennémenos habla de una continuación de la acción ya consumada, en la cual todo creyente como HIJO ADOPTIVO del Padre Eterno está llamado a permanecer por la fe en su Unigénito, nuestro hermano mayor (Juan 1,12-13). Por lo tanto, Jesucristo HA VENIDO DE DIOS (Juan  6,46;  13,13),  bajado  del   cielo (en griego katabasis, es decir DESCENDIMIENTO) (Juan 3,13), <<Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad>> (Colosenses 2,9). Habitar en la traducción griega de la palabra katiokeo, puede traducirse como establecerse permanentemente en una vivienda, mientras que plenitud viene del griego pleroma, que indica que se llena la plenitud de la DEIDAD o DIVINIDAD (theotes). Este texto afirma que la NATURALEZA o la ESCENCIA divina completa se manifiesta en la persona de Jesucristo. Igualmente, <<Él es el resplandor glorioso de Dios, la representación (del griego charaktér) misma de lo que Dios es>> (Hebreo 1,3). El término charaktér, es la única vez que se usa en el Nuevo Testamento, y significa IMPRIMIR SOBRE o SELLAR.
Del mismo modo, hablar de RESPLANDOR, es aclarar que tiene la misma IMPRESION o SUSTANCIA de Dios (hypostasis). O también <<la imagen (del griego eikón) del Dios invisible>> (Colosenses 1,15; Véase también 2 Corintios 4,4). Nótese bien, que Pablo pudo haber usado la expresión homoima. Esta palabra indica una semejanza con un arquetipo. También pudo haber empleado el vocablo eidos, que significa una forma o la forma, pero el apóstol utilizó eikón para afirmar que Jesús es la imagen misma del Padre en su SUSTANCIA, ESENCIA y SER (véase Juan 14, 7-8-9).