sábado, 15 de junio de 2019

244.¿Cómo se administra la Unción de los enfermos?-CATEQUESIS-



El rito esencial en la administración del  SACRAMENTO de la Unción de los enfermos  en la Iglesia consiste en la unción de la  frente y las manos con el óleo sagrado,  acompañada por las oraciones  correspondientes. [1517­1519,1531]

1517. Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria (cf. SC 27), que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el "viático" para el "paso" a la vida eterna.

1519. La celebración del sacramento comprende principalmente estos elementos: "los presbíteros de la Iglesia" (St 5,14) imponen –en silencio– las manos a los enfermos; oran por los enfermos en la fe de la Iglesia (cf. St 5,15); es la epíclesis propia de este sacramento; luego ungen al enfermo con óleo bendecido, si es posible, por el obispo. Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a los enfermos.

243. ¿Para quién está destinado el sacramento de la Unción de los enfermos?- CATEQUESIS-



El SACRAMENTO de la Unción de los  enfermos lo puede recibir todo creyente que  se encuentre en una situación crítica en su  salud, [1514­1515, 1528­1529] La Unción de los enfermos se puede recibir varias  veces a lo largo de la vida. Por eso tiene sentido que  también personas jóvenes soliciten este sacramento.  Por ejemplo, cuando se someten a una operación  grave. Muchos cristianos unen en este momento la  Unción con una confesión general, porque en caso de  muerte quieren entrar a la presencia de Dios con la  conciencia limpia.

1514. La Unción de los enfermos "no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez" (SC 73; cf. CIC, can. 1004 §1; 1005; 1007; CCEO, can. 738).

1515. Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan. "...LLAME A LOS PRESBÍTEROS DE LA IGLESIA" 

1528. El tiempo oportuno para recibir la Santa Unción llega ciertamente cuando el fiel comienza a encontrarse en peligro de muerte por causa de enfermedad o de vejez. 

242. ¿Por qué debe la Iglesia preocuparse especialmente de los enfermos?-CATEQUESIS-



Jesús nos enseña que el cielo sufre cuando nosotros sufrimos. Dios quiere ser  reconocido incluso en «uno de estos mis hermanos más pequeños» (Mt 25,40). Por  eso Jesús ha establecido el cuidado de los enfermos como tarea central para sus  discípulos. Los exhorta: «Curad enfermos» (Mt 10,8), y les promete el poder divino:  «Echarán demonios en mi nombre ... impondrán las manos a los enfermos, y  quedarán sanos» (Mc 16,17­18). [1506­1510] Uno de los rasgos determinantes del cristianismo ha sido siempre que los ancianos, los  enfermos y los necesitados de cuidados estén en el centro. Madre Teresa, que cuidó de los  moribundos en los suburbios de Calcuta, es sólo una persona en una larga cadena de  cristianos y cristianas que encontraron a Cristo precisamente en aquellos que eran excluidos  y evitados por los demás. Cuando Los cristianos son verdaderamente cristianos, brota de  ellos un efecto curativo. Algunos reciben incluso el don de curar corporalmente en la fuerza  del Espíritu Santo (carisma de la sanación CARISMAS).

1506. Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz (cf. Mt 10,38). Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación: "Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,12-13).

1510. No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado por Santiago: "Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,14-15). La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia (cf. DS 216; 1324-1325; 1695-1696; 1716-1717). UN SACRAMENTO DE LOS ENFERMOS


241. ¿Por qué mostró Jesús tanto interés por los enfermos?- CATEQUESIS-


Jesús vino para mostrar el amor de Dios. Con frecuencia lo  hizo allí donde nos sentimos especialmente amenazados: en  el debilitamiento de nuestra vida a causa de la enfermedad.  Dios quiere que recuperemos la salud de alma y cuerpo, y  que a causa de ello creamos y reconozcamos el reino de  Dios que viene. [1503­1505] A veces hay que enfermar para reconocer qué es lo que necesitamos  por encima de todo, tanto enfermos como sanos: a Dios. No tenemos  vida, si no es en él. Por eso los enfermos y pecadores tienen un  instinto especial para lo esencial. Ya en el NUEVO  TESTAMENTO eran precisamente los enfermos quienes buscaban  la cercanía de Jesús; intentaban «tocarlo, porque salía de él una  fuerza que los curaba a todos» (Lc 6,19). 9

1503. La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase (cf. Mt 4,24) son un signo maravilloso de que "Dios ha visitado a su pueblo" (Lc 7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados (cf. Mc 2,5-12): vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan (Mc 2,17). Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: "Estuve enfermo y me visitasteis" (Mt 25,36). Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta aten

1505. Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: "El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,17; cf. Is 53,4). No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (cf. Is 53,4-6) y quitó el "pecado del mundo" (Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora. ―SANAD A LOS ENFERMOS...‖  

240. ¿Cómo se interpretaba la «enfermedad» en el Antiguo Testamento?-CATEQUESIS-



En el ANTIGUO TESTAMENTO se vivía la  enfermedad a menudo como una prueba  difícil contra la que uno se podía rebelar, y  en la que, sin embargo, se podía reconocer  también la mano de Dios. Ya en los profetas  surge la idea de que el sufrimiento no es  sólo una maldición y no siempre es la  consecuencia de pecados personales, sino  que el sufrimiento aceptado con paciencia  puede ser también un modo de vivir para  los demás. [1502]

1502. El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad (cf. Sal 38) y de Él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación (cf. Sal 6,3; Is 38). La enfermedad se convierte en camino de conversión (cf. Sal 38,5; 39,9.12) y el perdón de Dios inaugura la curación (cf. Sal 32,5; 107,20; Mc 2,5-12). Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: "Yo, el 1066 164 376 549 1421 2288 695 1116 440 Señor, soy el que te sana" (Ex 15,26). El profeta entrevé que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás (cf. Is 53,11). Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad (cf. Is 33,24). CRISTO, MÉDICO


239. ¿Qué efectos positivos tiene la confesión?-CATEQUESIS-



La confesión reconcilia al pecador con Dios  y con la Iglesia. [1468­1470. 1496] El segundo después de la absolución es como ...  una ducha después de hacer deporte, el aire  fresco tras una tormenta de verano, el despertar  en una radiante mañana de verano, la ingravidez  de un submarinista ... En la palabra  «reconciliación» está contenido todo: estamos de  nuevo en paz con Dios.

1468. "Toda la fuerza de la Penitencia consiste en que nos restituye a la gracia de Dios y nos une con Él con profunda amistad" (Catecismo Romano, 2, 5, 18). El fin y el efecto de este sacramento son, pues, la reconciliación con Dios. En los que reciben el sacramento de la Penitencia con un corazón contrito y con una disposición religiosa, "tiene como resultado la paz y la tranquilidad de la conciencia, a las que acompaña un profundo consuelo espiritual" (Concilio de Trento: DS 1674). En efecto, el sacramento de la reconciliación con Dios produce una verdadera "resurrección espiritual", una restitución de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de los cuales es la amistad de Dios (Lc 15, 32)

1470. En este sacramento, el pecador, confiándose al juicio misericordioso de Dios, anticipa en cierta manera el juicio al que será sometido al fin de esta vida terrena. Porque es ahora, en esta vida, cuando nos es ofrecida la elección entre la vida y la muerte, y sólo por el camino de la conversión podemos entrar en el Reino del que el pecado grave nos aparta (cf. 1 Co 5, 11; Ga 5, 19-21; Ap 22, 15). Convirtiéndose a Cristo por la penitencia y la fe, el pecador pasa de la muerte a la vida "y no incurre en juicio" (Jn 5,24). 

238. ¿Puede un sacerdote contar a otras personas algo que haya conocido en la confesión?- CATEQUESIS-



No, de ningún modo. El secreto de confesión es  absoluto. Todo PRESBÍTERO quedaría  excomulgado si contara a otras personas  cualquier cosa que haya conocido en confesión.  Ni siquiera a la policía puede decir o insinuar  algo. (1467) Quizá no haya nada que los PRESBÍTEROS tomen  más en serio que el secreto de confesión. Hay  sacerdotes que por ello han soportado torturas y han  llegado a morir. Por eso se puede hablar abiertamente  sin reservas y uno puede confiarse con gran  tranquilidad a un sacerdote, cuya única tarea en ese  momento es ser todo «oídos de Dios».

1467. Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, la Iglesia declara que todo sacerdote que oye confesiones está obligado a guardar un secreto absoluto sobre los pecados que sus penitentes le han confesado, bajo penas muy severas (CIC can. 983-984. 1388 §1; CCEO can 1456). Tampoco puede hacer uso de los conocimientos que la confesión le da sobre la vida de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción, se llama "sigilo sacramental", porque lo que el penitente ha manifestado al sacerdote queda "sellado" por el sacramento.

237. ¿Hay pecados tan graves que no los pueda absolver un sacerdote normal?-CATEQUESIS-



Hay pecados en los cuales el hombre se aparta totalmente de Dios  y, dada la gravedad especial del acto, atrae sobre si la pena de  EXCOMUNIÓN. En caso de pecados sancionados con excomunión,  sólo puede conceder la absolución el OBISPO o un sacerdote que  tenga este oficio especifico, e incluso en algunos casos sólo el  PAPA. En caso de peligro de muerte todo SACERDOTE puede  absolver de cualquier pecado y de la excomunión. [1463] Un católico que, por ejemplo, presta una colaboración imprescindible para  un aborto que efectivamente se realiza, se excluye automáticamente de los  sacramentos; la Iglesia sólo constata este estado. La EXCOMUNIÓN tiene  la intención de que el pecador cambie de vida y vuelva al buen camino.

1463. «Ciertos pecados particularmente graves están sancionados con la excomunión, la pena eclesiástica más severa, que impide la recepción de los sacramentos y el ejercicio de ciertos actos eclesiásticos (cf. CIC can 1331; CCEO can 1420), y cuya absolución, por consiguiente, sólo puede ser concedida, según el derecho de la Iglesia, por el Papa, por el obispo del lugar, o por sacerdotes autorizados por ellos (cf. CIC can 1354-1357; CCEO can. 1420). En caso de peligro de muerte, todo sacerdote, aun el que carece de la facultad de oír confesiones, puede absolver de cualquier pecado y de toda excomunión» (cf. CIC can 976; para la absolución de los pecados, CCEO can. 725). 

236. ¿Por qué sólo los sacerdotes pueden perdonar pecados?-CATEQUESIS-


Ningún hombre puede perdonar pecados a  no ser que tenga un mandato de Dios para  ello y la fuerza que él le otorga, para que el  perdón que él concede al penitente se  verifique realmente. Los encargados de ello  son en primer lugar el OBISPO y después  sus colaboradores, los SACERDOTES.  [1461­1466, 1495] . 150, 228, 249­250

1461. Puesto que Cristo confió a sus Apóstoles el ministerio de la reconciliación (cf. Jn 20,23; 2 Co 5,18), los obispos, sus sucesores, y los presbíteros, colaboradores de los obispos, continúan ejerciendo este ministerio. En efecto, los obispos y los presbíteros, en virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de perdonar todos los pecados "en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

1466. El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de Dios. El ministro de este sacramento debe unirse a la intención y a la caridad de Cristo (cf. PO 13). Debe tener un conocimiento probado del comportamiento cristiano, experiencia de las cosas humanas, respeto y delicadeza con el que ha caído; debe amar la verdad, ser fiel al magisterio de la Iglesia y conducir al penitente con paciencia hacia su curación y su plena madurez. Debe orar y hacer penitencia por él confiándolo a la misericordia del Señor.

1495. Sólo los sacerdotes que han recibido de la autoridad de la Iglesia la facultad de absolver pueden ordinariamente perdonar los pecados en nombre de Cristo. 

235. ¿Puede uno confesarse también cuando no se han cometido pecados graves?-CATEQUESIS-



La confesión es también en esa ocasión el gran  regalo de la curación y de la unión más íntima con  el Señor, aunque estrictamente uno no estuviera  obligado a confesarse. [1458] En muchos encuentros eclesiales como en las Jornadas  Mundiales de la Juventud, se ve a jóvenes que se  reconcilian con Dios. Cristianos que se toman en serio el  seguimiento de Jesús buscan la alegría que viene de un  nuevo comienzo radical con Dios. Incluso los santos  acudían regularmente a la confesión cuando era posible.  Lo necesitaban para crecer en la humildad y en el amor  y para dejarse tocar por la luz sanadora de Dios hasta el  último rincón del alma

1458. Sin ser estrictamente necesaria, la confesión de los pecados veniales, sin embargo, se recomienda vivamente por la Iglesia (cf. Concilio de Trento: DS 1680; CIC 988 §2). En efecto, la confesión habitual de los pecados veniales ayuda a formar la conciencia, a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo, a progresar en la vida del Espíritu. Cuando se recibe con frecuencia, mediante este sacramento, el don de la misericordia del Padre, el creyente se ve impulsado a ser él también misericordioso (cf. Lc 6,36): «Quien confiesa y se acusa de sus pecados hace las paces con Dios. Dios reprueba tus pecados. Si tú haces lo mismo, te unes a Dios. Hombre y pecador son dos cosas distintas; cuando oyes, hombre, oyes lo que hizo Dios; cuando oyes, pecador, oyes lo que el mismo hombre hizo. Deshaz lo que hiciste para que Dios salve lo que hizo. Es preciso que aborrezcas tu obra y que ames en ti la obra de Dios Cuando empiezas a detestar lo que hiciste, entonces empiezan tus buenas obras buenas, porque repruebas las tuyas malas. [...] Practicas la verdad y vienes a la luz» (San Agustín, In Iohannis Evangelium tractatus 12, 13)

234. ¿Cuándo hay obligación de confesar los pecados graves? ¿Con qué frecuencia hay que confesarse? -CATEQUESIS-


Al llegar a la edad de la discreción hay  obligación de confesar los pecados graves.  La Iglesia manda que se haga al menos una  vez al año. En cualquier caso hay que  confesarse antes de recibir la sagrada  COMUNIÓN si se ha cometido algún pecado  grave. [1457] Con la expresión «edad de la discreción» se refiere  la Iglesia a la edad en la que se ha llegado a usar  la razón y se ha aprendido a distinguir entre el  bien y el mal. 315­320

1457. Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez al año, fielmente sus pecados graves" (CIC can. 989; cf. DS 1683; 1708). "Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (cf. DS 1647, 1661) a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes" (CIC can. 916; CCEO can. 711). Los niños deben acceder al sacramento de la Penitencia antes de recibir por primera vez la Sagrada Comunión (CIC can. 914).  

miércoles, 5 de junio de 2019

Santos Tiranio, Cenobio y Otros Mártires 20 de febrero




La Iglesia conmemora también el día de San Tiranio, obispo de Tiro, que había presenciado el triunfo de los mártires y los había alentado, pero seis años después, lo tomaron preso y lo condujeron junto con San Cenobio de Tiro a Antioquía. Cenobio era médico y sacerdote de la ciudad de Sidón. Tiranio fue arrojado al río Orantes, tras haber sufrido crueles torturas, mientras que Cenobio murió en el potro. Asimismo, varios cristianos egipcios que se habían establecido en Palestina y otros en Tiro, dieron pruebas de su paciencia y de su constancia en la fe. Después de haber sido golpeados innumerables veces, cosa que soportaron con gran paciencia, fueron arrojados a los leopardos, osos salvajes, jabalíes y toros. 

Pero cuando las fieras aparecieron en la arena, en vez de devorar o destrozar a los mártires, se mantuvieron a distancia de ellos, sin tocarlos, y se volvieron contra los domadores y cuantos se hallaban cerca. El hecho se repitió varias veces, pese a que los verdugos reemplazaron dos veces a las fieras y obligaron a los cristianos a agitar a los brazos para provocar a las fieras. Después de varios intentos inútiles con diferentes animales, los santos fueron finalmente decapitados y sus cuerpos arrojados al mar. Otros que se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses, murieron apaleados, quemados y también ejecutados en distintas formas.

San Auxibio, Obispo 19 de Febrero



Auxibio nació en Roma, de padres idólatras y tenía carácter dulce y honesto. Para asegurarle un puesto en el desempeño de los cargos públicos, su padre quiso que contrajera un matrimonio ventajoso, pero el santo tenía otros propósitos y pensaba en hacerse cristiano, huyendo de la ciudad y embarcándose en secreto hacia la isla de Chipre.
En dicho lugar, Auxibio encontró a Juan Marcos, pariente de San Bernabé quien lo bautizó, confirmó y lo instruyó sobre como predicar para luego ordenarlo sacerdote y obispo. Juan Marco le confió también la misión de predicar en la ciudad de Soles, donde fue acogido favorablemente por un sacerdote de Júpiter, a quien lo edificó con su vida santa, hasta llegar a convertirlo.
El Apóstol Pablo supo por Juan Marcos los progresos que hacía la fe en Chipre y le confió a Heracles el poder de instituir más obispo y de construir una nueva Iglesia. Auxibio empezó a predicar la fe en pleno día y luego de la construcción y consagración del nuevo edificio, comenzó su obra de apostolado a la vista de todos.
La gracia de Dios lo sostuvo y los milagros corroboraron su predicación de modo que llegó a formar en Soles una comunidad cristiana floreciente. Después de un episcopado de 50 años, Auxibio sintió que se aproximaba su fin y reunió a su clero y los exhortó a permanecer firme en la fe.