miércoles, 5 de junio de 2019

San Simeón 18 de Febrero



El Evangelio de San Mateo describe a San Simeón como uno de los parientes o hermanos del Señor. Su padre era Cleofás, hermano de San José, y su madre, era hermana de la Virgen María, siendo Simeón primo carnal del Señor. Sin duda, el santo fue uno de los hermanos de Jesús que recibió el Espíritu Santo el día de Pentecostés.
Siendo asesinado Santiago el menor por lo judíos, los apóstoles y discípulos se reunieron para elegir a su sucesor en la sede de Jerusalén y por unanimidad escogieron a Simeón. El año 66 estalló en Palestina la guerra civil a consecuencia de la oposición de los judíos a los romanos y parece que los cristianos de Jerusalén recibieron del cielo el aviso de que la ciudad sería destruida y que debían salir de ella sin tardanza, refugiándose con el santo en la ciudad de Pela.
Después de la toma y destrucción de Jerusalén, los cristianos volvieron y se establecieron en las ruinas, hasta que el emperador Adriano arrasó con los escombros, pero este hecho permitió que la Iglesia floreciera grandemente y que numerosos judíos se convirtieran al cristianismo debido a los milagros obrados por los santos. Vaspaciano y Domiciano mandaron a matar a todos los miembros descendientes de David, pero Simeón consiguió escapar.
Sin embargo, durante la persecución de Trajano, fue denunciado como cristiano y descendiente de David, siendo sentenciado a muerte por el gobernador romano Atico. Fue torturado y crucificado, soportando con fortaleza y valentía el suplicio, pese a que contaba con 120 años.

Santos Teódulo y Julián, Mártires 17 de Febrero



Teódulo, hombre sabio y piadoso, ocupaba un puesto de importancia en la casa de Firmiliano, gobernador de Palestina, quien le tenía gran estima. Habiendo sido testigo de la fortaleza y paciencia de los 5 egipcios martirizados, Teódulo acudió a la prisión para alentar a los que se preparaban a sufrir martirio semejante. Al saber esto, Firmiliano se irritó sobremanera contra su protegido, le reprochó amargamente su actitud y le condenó a ser sacrificado, sin haber querido oír su defensa. Teódulo recibió con alegría la sentencia y sufrió con gozo una forma de tormento que le asemejaba a su Salvador y le llevaría a reunirse con él. 

Julián, que participó en el triunfo del santo, no era más que un catecúmeno. Los fieles le estimaban mucho por su carácter ejemplar y tan pronto supo de la ejecución de los 5 egipcios, acudió al lugar del martirio donde abrazó y besó los cadáveres. Los guardias lo tomaron prisionero al momento y lo llevaron ante el gobernador, quien al ver la firmeza de su fe, no perdió tiempo en interrogatorios y lo condenó a la hoguera. Julián dio gracias a Dios por el honor de morir por su causa y le ofreció su vida en sacrificio.

San Onésimo, Mártir 16 de Febrero



Onésimo era esclavo de Filemón, personaje importante de Colosa de Frigia, convertido al cristianismo por San Pablo. Cuando huía de la justicia, después de haber robado a su amo, Onésimo entró en contacto con San Pablo, quien se hallaba entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo convirtió y bautizó y lo envió a la casa de Filemón con una carta de recomendación. Según parece, Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo. Según cuenta San Jerónimo, Onésimo llegó a ser predicador del Evangelio y luego Obispo de Efeso por orden del Apóstol Pablo. Posteriormente, Onésimo fue hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado.

233. ¿Qué pecados hay que confesar?- CATEQUESIS-



Los pecados graves, que se recuerden tras un examen de  conciencia minucioso, y que aún no se hayan confe­sado, sólo  pueden ser perdonados, en circunstancias normales, en la  confesión sacramental individual. [1457] Es cierto que ante la confesión nos sentimos cohibidos. Pero superar esto  es ya el primer paso para sanar interiormente. A menudo ayuda pensar en  que también el PAPA debe tener valor para confesar a otro sacerdote y  con ello a Dios sus faltas y debilidades. Sólo en casos de necesidad  existencial (como por ejemplo en la guerra, en un bombardeo o en otra  circunstancia en la que un grupo de personas se encuentre en peligro de  muerte) puede un sacerdote conceder la absolución a un grupo de  personas, sin que previamente se haya dado una confesión individual de  los pecados (es la llamada absolución general). En cualquier caso, si se  supera esta circunstancia, hay que confesar individualmente los pecados  graves en la primera ocasión que se tenga. 315­320

1457. Según el mandamiento de la Iglesia "todo fiel llegado a la edad del uso de razón debe confesar, al menos una vez al año, fielmente sus pecados graves" (CIC can. 989; cf. DS 1683; 1708). "Quien tenga conciencia de hallarse en pecado grave que no comulgue el Cuerpo del Señor sin acudir antes a la confesión sacramental (cf. DS 1647, 1661) a no ser que concurra un motivo grave y no haya posibilidad de confesarse; y, en este caso, tenga presente que está obligado a hacer un acto de contrición perfecta, que incluye el propósito de confesarse cuanto antes" (CIC can. 916; CCEO can. 711). Los niños deben acceder al sacramento de la Penitencia antes de recibir por primera vez la Sagrada Comunión (CIC can. 914).

232. ¿Qué debo hacer en una confesión? CATEQUESIS-



Pertenecen a toda confesión el examen de  conciencia, la contrición o arrepentimiento, el  propósito de enmienda, la confesión y la  penitencia. [1450­1460,1490­1492,1494] El examen de conciencia debe ser a fondo, pero nunca  puede ser exhaustivo. Sin verdadero arrepentimiento,  basado en una confesión de los labios, nadie puede ser  absuelto de sus pecados. Igualmente es imprescindible el  propósito de no cometer ese pecado nunca más en el  futuro. El pecador debe necesariamente declarar el  pecado ante el confesor, es decir, hacer una confesión del  mismo. Finalmente pertenece a una confesión la reparación o penitencia que impone el confesor al pecador  para reparar el daño cometido.

1450. "La penitencia mueve al pecador a soportarlo todo con el ánimo bien dispuesto; en su corazón, contrición; en la boca, confesión; en la obra, toda humildad y fructífera satisfacción" (Catecismo Romano 2,5,21; cf. Concilio de Trento: DS 1673) .

1460. La penitencia que el confesor impone debe tener en cuenta la situación personal del penitente y buscar su bien espiritual. Debe corresponder todo lo posible a la gravedad y a la naturaleza de los pecados cometidos. Puede consistir en la oración, en ofrendas, en obras de misericordia, servicios al prójimo, privaciones voluntarias, sacrificios, y sobre todo, la aceptación paciente de la cruz que debemos llevar. Tales penitencias ayudan a configurarnos con Cristo que, el Único, expió nuestros pecados (Rm 3,25; 1 Jn 2,1-2) una vez por todas. Nos permiten llegar a ser coherederos de Cristo resucitado, "ya que sufrimos con él" (Rm 8, 17; cf. Concilio de Trento: DS 1690): «Pero nuestra satisfacción, la que realizamos por nuestros pecados, sólo es posible por medio de Jesucristo: nosotros que, por nosotros mismos, no podemos nada, con la ayuda "del que nos fortalece, lo podemos todo" (Flp 4,13). Así el hombre no tiene nada de que pueda gloriarse sino que toda "nuestra gloria" está en Cristo [...] en quien nosotros satisfacemos "dando frutos dignos de penitencia" (Lc 3,8) que reciben su fuerza de Él, por Él son ofrecidos al Padre y

1490. El movimiento de retorno a Dios, llamado conversión y arrepentimiento, implica un dolor y una aversión respecto a los pecados cometidos, y el propósito firme de no volver a pecar. La conversión, por tanto, mira al pasado y al futuro; se nutre de la esperanza en la misericordia divina.


231. ¿Cuáles son los dos requisitos esenciales que se deben dar en un cristiano para que se le perdonen los pecados en el sacramento de la Penitencia? -CATEQUESIS-


Los requisitos para el perdón de los pecados  son la per­sona que se convierte y el  PRESBÍTERO, que, en nombre de Dios, le  concede la absolución de sus pecados. [1448]

1448. A través de los cambios que la disciplina y la celebración de este sacramento han experimentado a lo largo de los siglos, se descubre una misma estructura fundamental. Comprende dos elementos igualmente esenciales: por una parte, los actos del hombre que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, a saber, la contrición, la confesión de los pecados y la satisfacción; y por otra parte, la acción de Dios por el ministerio de la Iglesia. Por medio del obispo y de sus presbíteros, la Iglesia, en nombre de Jesucristo, concede el perdón de los pecados, determina la modalidad de la satisfacción, ora también por el pecador y hace penitencia con él. Así el pecador es curado y restablecido en la comunión eclesial.

230. ¿Qué es la penitencia?- CATEQUESIS-



La penitencia es la reparación de una injusticia  co­metida. La penitencia no debe darse sólo en  la mente, sino que debe expresarse en obras de  misericordia y en el compromiso con los demás.  También con la oración, el ayuno y la ayuda  material y espiritual a los pobres se hace  penitencia. [1434­1439] Con frecuencia se entiende malla penitencia. No tiene  nada que ver con maltratarse o con los escrúpulos. La  penitencia no es estar dando vueltas sobre lo mala  persona que soy. La penitencia nos libera y nos anima  a empezar de nuevo.

1434. La penitencia interior del cristiano puede tener expresiones muy variadas. La Escritura y los Padres insisten sobre todo en tres formas: el ayuno, la oración, la limosna (cf. Tb 12,8; Mt 6,1-18), que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. Junto a la purificación radical operada por el Bautismo o por el martirio, citan, como medio de obtener el perdón de los pecados, los esfuerzos realizados para reconciliarse con el prójimo, las lágrimas de penitencia, la preocupación por la salvación del prójimo (cf. St 5,20), la intercesión de los santos y la práctica de la caridad "que cubre multitud de pecados" (1 P 4,8).

1439. El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de 1394-1395 540 2043 545 1850 270, 431 589 983 las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza

229. ¿Qué hace que un hombre esté dispuesto al arrepentimiento?- CATEQUESIS-


Desde el examen de la culpa personal surge el deseo de mejorar; esto se llama  arrepentimiento. Se produce cuando vemos la contradicción entre el amor de  Dios y nuestro pecado. Entonces nos llenamos de dolor por nuestros pecados; nos  decidimos a cambiar nuestra vida y ponemos toda nuestra confianza en el auxilio  de Dios. [1430­1433, 1490] Con frecuencia se oculta la realidad del pecado. Algunos creen incluso que contra los  sentimientos de culpa sencillamente sólo hay que tomar medidas psicológicas. Pero los  verdaderos sentimientos de culpa son importantes. Es como en los coches: cuando el  velocímetro señala que se ha superado el límite de velocidad, no es culpable el velocímetro,  sino el conductor. Cuanto más nos acercamos a Dios, que es todo luz, tanto más claramente  salen a la luz nuestras sombras. Pero Dios no es una luz que quema, sino una luz que cura.  Por eso el arrepentimiento nos impulsa a avanzar hacia la luz en la que somos  completamente curados. 312

1430. Como ya en los profetas, la llamada de Jesús a la conversión y a la penitencia no mira, en primer lugar, a las obras exteriores "el saco y la ceniza", los ayunos y las mortificaciones, sino a la conversión del corazón, la penitencia interior. Sin ella, las obras de penitencia permanecen estériles y engañosas; por el contrario, la conversión interior impulsa a la expresión de esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf. Jl 2, 12-13; Is 1,16- 17; Mt 6,1-6. 16-18)

1433. Después de Pascua, el Espíritu Santo "convence al mundo en lo referente al pecado" (Jn 16, 8-9), a saber, que el mundo no ha creído en el que el Padre ha enviado. Pero este mismo Espíritu, que desvela el pecado, es el Consolador (cf. Jn 15,26) que da al corazón del hombre la gracia del arrepentimiento y de la conversión (cf. Hch 2,36-38; Juan Pablo II, Dominum et vivificantem, 27-48). 

1490. El movimiento de retorno a Dios, llamado conversión y arrepentimiento, implica un dolor y una aversión respecto a los pecados cometidos, y el propósito firme de no volver a pecar. La conversión, por tanto, mira al pasado y al futuro; se nutre de la esperanza en la misericordia divina.


228. ¿Quién puede perdonar los pecados?- CATEQUESIS-



Sólo Dios puede perdonar los pecados. «Tus pecados te  son perdonados» (Mc 2,5) sólo lo pudo decir Jesús  porque él es el Hijo de Dios. Y sólo porque Jesús les ha  conferido este poder pueden los PRESBÍTEROS  perdonar los pecados en nombre de Jesús. [1441­1442] Hay quien dice: Esto lo arreglo yo directamente con Dios,  ¡para eso no necesito ningún sacerdote! Pero Dios quiere que  sea de otra manera. Él nos conoce. Hacemos trampas con  respecto a nuestros pecados, nos gusta echar tierra sobre  ciertos asuntos. Por eso Dios quiere que expresemos nuestros  pecados y que los confesemos cara a cara. Por eso es válido  para los sacerdotes: «A quienes les perdonéis los pecados, les  quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan  retenidos» (Jn 20,23).

1441. Sólo Dios perdona los pecados (cf. Mc 2,7). Porque Jesús es el Hijo de Dios, dice de sí mismo: "El Hijo del hombre tiene poder de perdonar los pecados en la tierra" (Mc 2,10) y ejerce ese poder divino: "Tus pecados están perdonados" (Mc 2,5; Lc 7,48). Más aún, en virtud de su autoridad divina, Jesús confiere este poder a los hombres (cf. Jn 20,21-23) para que lo ejerzan en su nombre.

1442. Cristo quiso que toda su Iglesia, tanto en su oración como en su vida y su obra, fuera el signo y el instrumento del perdón y de la reconciliación que nos adquirió al precio de su sangre. Sin embargo, confió el ejercicio del poder de absolución al ministerio apostólico, que está encargado del "ministerio de la reconciliación" (2 Co 5,18). El apóstol es enviado "en nombre de Cristo", y "es Dios mismo" quien, a través de él, exhorta y suplica: "Dejaos reconciliar con Dios" (2 Co 5,20)


227. ¿Quién ha instituido el sacramento de la Penitencia? - CATEQUESIS-



Jesús mismo instituyó el sacramento de la Penitencia cuando el día de Pascua se  apareció a los APÓSTOLES y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes les  perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan  retenidos». (Jn 20,220­23). [1439, 1485] En ningún lugar ha expresado Jesús de forma más bella lo que sucede en el sacramento de la  Penitencia que en la parábola del hijo pródigo: nos extraviamos, nos perdemos, no podemos  más. Pero Dios Padre nos espera con un deseo mayor e incluso infinito; nos perdona cuando  regresamos; nos acepta siempre, perdona el pecado. Jesús mismo perdonó los pecados a  muchas personas; eso era más importante para él que hacer milagros. Veía en ello el gran  signo de la llegada del reino de Dios, en el que todas las heridas serán sanadas y todas las  lágrimas serán enjugadas. El poder del Espíritu Santo, en el que Jesús perdonaba los pecados,  lo transmitió a sus APÓSTOLES. Cuando nos dirigimos a un sacerdote y nos confesamos, nos  arrojamos a los brazos abiertos de nuestro Padre celestial. 314,524

1439. El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el padre misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber dilapidado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a apacentar cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de 1394-1395 540 2043 545 1850 270, 431 589 983 las algarrobas que comían los cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo, que conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.

1485. En la tarde de Pascua, el Señor Jesús se mostró a sus Apóstoles y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23).




226.Si ya tenemos el Bautismo, que nos reconcilia con Dios, ¿por qué necesitamos entonces un sacramento específico de la Reconciliación? -CATEQUESIS-



Si bien el Bautismo nos arranca del poder del pecado y de la muerte y nos  introduce en la nueva vida de los hijos de Dios, no nos libra de la  debilidad humana y de la inclinación al pecado. Por eso necesitamos un  lugar en el que podamos reconciliarnos continuamente de nuevo con Dios.  Esto es la confesión. [1425­1426] Confesarse parece no estar de moda. Quizá sea difícil y al principio cueste un gran  esfuerzo. Pero es una de las mayores gracias que podamos comenzar siempre de  nuevo en nuestra vida, realmente de nuevo: totalmente libres de cargas y sin las  hipotecas del pasado, acogidos en el amor y equipados con una fuerza nueva. Dios  es misericordioso, y no desea nada más ardientemente que el que nosotros nos  acojamos a su misericordia. Quien se ha confesado abre una nueva página en  blanco en el libro de su vida. 67­70


1425. "Habéis sido lavados [...] habéis sido santificados, [...] habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios" (1 Co 6,11). Es preciso darse cuenta de la grandeza del don de Dios que se nos hace en los sacramentos de la iniciación cristiana para comprender hasta qué punto el pecado es algo que no 1989 1440 1456 1449 1442 1263 2838 978 405, 1264 541 1226 1036 cabe en aquel que "se ha revestido de Cristo" (Ga 3,27). Pero el apóstol san Juan dice también: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros" (1 Jn 1,8). Y el Señor mismo nos enseñó a orar: "Perdona nuestras ofensas" (Lc 11,4) uniendo el perdón mutuo de nuestras ofensas al perdón que Dios concederá a nuestros pecados.

1426. La conversión a Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos han hecho "santos e inmaculados ante Él" (Ef 1,4), como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es "santa e inmaculada ante Él" (Ef 5,27). Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios (cf. DS 1515). Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (cf. DS 1545; LG 40)


225. ¿Qué nombres hay para el sacramento de la Penitencia?- CATEQUESIS-


El sacramento de la Penitencia se denomina  también SACRAMENTO de la  reconciliación, del perdón, de la conversión  y de la confesión. [1422­1424,1486]

1422. "Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra Él y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones" (LG 11).

1424. Se le denomina sacramento de la confesión porque la declaración o manifestación, la confesión de los pecados ante el sacerdote, es un elemento esencial de este sacramento. En un sentido profundo este sacramento es también una "confesión", reconocimiento y alabanza de la santidad de Dios y de su misericordia para con el hombre pecador.

1486. El perdón de los pecados cometidos después del Bautismo es concedido por un sacramento propio llamado sacramento de la conversión, de la confesión, de la penitencia o de la reconciliación.

224. ¿Por qué nos ha dado Cristo el sacramento de la Penitencia y la Unción de los enfermos? -CATEQUESIS-



El amor de Cristo se muestra en que busca a  quienes están perdidos y cura a los  enfermos. Por eso se nos dan los  SACRAMENTOS de la curación y  restauración, en los que nos vemos  liberados del pecado y confortados en la  debilidad corporal y espiritual. [1420­1421]  67

1420. Por los sacramentos de la iniciación cristiana, el hombre recibe la vida nueva de Cristo. Ahora bien, esta vida la llevamos en "vasos de barro" (2 Co 4,7). Actualmente está todavía "escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3). Nos hallamos aún en "nuestra morada terrena" (2 Co 5,1), sometida al sufrimiento, a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede ser debilitada e incluso perdida por el pecado. 

1421. El Señor Jesucristo, médico de nuestras almas y de nuestros cuerpos, que perdonó los pecados al paralítico y le devolvió la salud del cuerpo (cf. Mc 2,1-12), quiso que su Iglesia continuase, en la fuerza del Espíritu Santo, su obra de curación y de salvación, incluso en sus propios miembros. Este es finalidad de los dos sacramentos de curación: del sacramento de la Penitencia y de la Unción de los enfermos