lunes, 23 de septiembre de 2019

1.¿QUIÉN ES JESÚS?. Exegesis




“Nadie puede leer los Evangelios sin sentir la presencia de Jesús”.
Albert Einstein.



I.           OPINIONES EN EL MUNDO CRISTIANO

Muchas sectas cristiana tienen diferentes opiniones sobre el origen de Jesús, así por ejemplo:

·       Para los ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA Y TESTIGOS DE JEHOVÁ, Es la primera criatura creada por Dios, llamado también el “Arcángel Miguel”.
·       Para los MORMONES, Era el hermano gemelo del ángel rebelde Luzbel.
·       Para los PENTECOSTALES, es Dios Padre que se hace hombre.

II.       ENSEÑANZA EN LA IGLESIA CATÓLICA

Jesucristo es la segunda persona de la Santísima Trinidad (Mateo 28,19; 2 Corintios 13,14).

En Él existen dos naturalezas (duo physesin) humana y divina, en una sola persona hipostasis, que es una palabra del griego “hypostasis”, que quiere decir SUSTANCIA, NATURALEZA, ESENCIA .

v NATURALEZA DIVINA: Por ser el Hijo del Todopoderoso: <<Yo publicaré el decreto, el Señor me ha dicho: Mi hijo eres tú, yo te he engendrado hoy>> (Salmo 2,7).



v NATURALEZA HUMANA: Por haber nacido de la Virgen María: <<Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Jesús. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo>> (Lucas 1,31-32). 

III.    CARACTERÍSTICAS QUE MENCIONA LA BIBLIA

Ø <<Yo soy el pan de vida>> (Juan 6,35).
Ø <<Yo soy la luz del mundo>> (Juan 8,12).
Ø <<Yo soy la puerta>> (Juan 10, 7).
Ø <<Yo soy el buen pastor>> (Juan 10, 11).
Ø <<Yo soy la resurrección y la vida>> (Juan 11, 25).
Ø <<Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí>> (Juan 14,6).
Ø <<Yo soy la vid verdadera>> (Juan 15, 1).
Ø <<Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado>> (Juan 17,3).
Ø <<Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra>> (Filipenses 2,10).
Ø <<Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en el que podamos ser salvos>>. (Hechos 4,12).

IV.      FALSAS ACUSACIONES  DE LOS LOS JUDÍOS

ü <<Por buena obra no te apedreamos, sino por blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios>> (Juan 10,33).
ü <<Más los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios>> (Mateo 12,24).


















4.¿Por qué hay errores científicos en la Biblia?. Apologética



OBJECIÓN:
Si la Biblia fue inspirada por Dios, ¿Por qué esta sembrada de afirmaciones y relatos que repugnan a la ciencia?  ¿No es esto una prueba evidente de que la religión es una farsa que pueden tragarse solamente los ignorantes?

Hablar de oposición o conflicto entre ciencia y religión no es exacto. La verdadera ciencia no puede excluir la verdadera religión y viceversa. Si en el pasado ha habido problemas entre ciencia y religión, se debió a que se tenía por fe lo que era la opinión de algunos. Por otra parte, se consideraba ciencia lo que era una simple hipótesis.

Como principio general, la religión y la ciencia no siguen caminos «opuestos», sino «paralelos». Una examina la existencia del universo en sus causas y fines más profundos, relacionados éstos con la vida del hombre; la otra estudia los fenómenos naturales, que manifiestan cierto evolucionismo.

Además en la Biblia no hay que buscar datos y expresiones científicos, porque es un libro religioso que enseña cómo ir a gozar de la presencia de Dios en «el cielo», no cómo están hechos los astros del cielo. Además, hay que saber leer la Biblia conociendo, sobre todo, el género literario, para así poder entender lo que el autor sagrado quiso decir.

Quien lee los primeros capítulos del Génesis como si leyera un libro de historia actual, y afirmara que el universo se formó en seis días (naturalmente por obra de Dios), estaría completamente fuera de lo que la Biblia quiere enseñarnos. La forma altamente poética con que nos presenta la creación no es una crónica periodística, sino de un relato, elevado y emocionante, de la actuación de un Dios todopoderoso y lleno de amor.

Antes de oponer la ciencia a la religión, es necesario saber exactamente cuál es la enseñanza científica sobre un determinado argumento, y cuál es la idea de la religión sobre el mismo.





3.¿Por que la Biblia es Palabra de Dios?. Apologetica



OBJECIÓN:
¿Acaso los libros de la Biblia no fueron escritos por hombres? Por lo tanto no puede ser palabra de Dios. Más correctamente, son palabra de hombres inspirados, como lo son los poetas u otros artistas. ¿No es una exageración afirmar que es «palabra de Dios»?

No vale la comparación. Cuando decimos que este poeta o pintor es inspirado, queremos decir que tiene talento de artista, pero cuando hablamos de los autores sagrados, no nos referimos a sus escritos como meras obras de arte, sino como mensaje de salvación, que Dios les inspiró para comunicarlo a los demás.

Al respecto el Concilio Vaticano II en la Constitución Dei Verbum dice: «La revelación que la Sagrada Escritura contiene y ofrece ha sido puesta por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo. La Santa Madre Iglesia, fiel a la fe de los Apóstoles, reconoce que todos los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, con todas sus partes, son sagrados y canónicos, en cuanto que escritos por inspiración del Espíritu Santo (cf. Jn 20, 31; 2Ti 3,16; 2P 1, 19-21; 3, 15-16), tienen a Dios como Autor, y como tales han sido confiados a la Iglesia. En la composición de los libros Sagrados, Dios se valió de hombres elegidos, que usaban de todas sus facultades y talentos; de este modo, obrando Dios en ellos y por ellos, como verdaderos autores, pusieron por escrito todo y sólo lo que Dios quería» (DV 11).

El verdadero autor de los libros sagrados es Dios, porque los hagiógrafos (autores sagrados) pusieron por escrito «todo y sólo lo que Dios quería». Esto lo hicieron sin despojarse de sus «facultades y talentos». Por lo tanto para saber lo que la Biblia quiere enseñar, es necesario investigar lo que el hagiógrafo quiso decir al expresarse según su cultura personal, el medio ambiente en que vivía y la forma literaria que quiso emplear para manifestar su pensamiento. Como aseveró el papa Pío XII, es necesario estudiar los «géneros literarios» para poder entender exactamente el mensaje bíblico.

Es necesario también tener presente que la revelación fue progresiva. Dios fue revelándose gradualmente, así como llega la luz del sol a la tierra: primero con el alba, luego con la aurora, con los primeros rayos, hasta llegar al máximo esplendor, cuando se encuentra en su cenit. En la Revelación, el «cenit» lo tenemos con Cristo, que es la Palabra de Dios hecha carne. Por lo tanto, es muy importante saber que la verdad absoluta no se encuentra toda en un texto aislado de la Biblia, sino en el conjunto de su contenido.

2.¿Como nació la Biblia?. Apologética




OBJECIÓN
¿Quién escribió la Biblia y cuántos son los libros que la componen?
La Biblia un patrimonio de la Iglesia católica

La palabra Biblia viene del griego y significa «libros», no se trata de un solo libro, sino de un conjunto de 73 libros, exactamente: 46 pertenecen al Antiguo Testamento y 27 al Nuevo Testamento.

El Antiguo Testamento fue escrito en el transcurso de casi mil años por varios autores, y es una preparación a la definitiva Alianza entre Dios y los hombres, sellada con la sangre de Cristo. El Nuevo Testamento nos presenta la gran manifestación del amor de Dios mediante su Hijo, hecho hombre. Nuestro Señor Jesucristo no escribió obra alguna. Los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos casi todos por sus Apóstoles y por otros discípulos suyos, a lo largo s. I.

En el s. IV a petición del papa san Dámaso se recopilan los 73 libros de la Biblia en un trabajo dirigido por san Jerónimo; los escritos originales en hebreo, arameo y griego fueron traducidos al idioma de su tiempo, latín. Posteriormente en el s. XII Esteban Langton (1150-1228) sacerdote y profesor de teología en la Sorbona de Paris y luego obispo de Canterbury hizo la división de la Biblia en capítulos, para mayor practicidad al localizar un texto. En el s. XV Santos Pagnino (1470-1541) monje dominico, junto con otros contemporáneos realizan la división de la Biblia en versículos.

Respecto al número de los libros inspirados, hay cierta dificultad entre la Iglesia Católica y las múltiples denominaciones protestantes, pero la discrepancia no es tan importante como se creyó en un tiempo. Los libros de Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, los dos libros de los Macabeos y algunos fragmentos de Ester (10, 4; 16, 24) y de Daniel (3, 24-90; 13, 14), llamados deuterocanonicos, son el motivo de la controversia: mientras los católicos los aceptamos como parte de la revelación divina, los otros grupos no. Desde finales del s. III, estos libros entraron en le canon Alejandrino, que era el más utilizado por los judios de la «diaspora» así como por los Apóstoles y la Iglesia Primitiva. Este canon es la lista de libros en hebreo traducidos al griego por los «70 sabios» de Alejandría, hacia el año 150 a. C. (Biblia «de los Setenta»). La Biblia que usaban los judíos de habla semítica no contenían estos 7 libros. Por este motivo, fueron llamados «Deuterocanónicos».

Jesucristo nunca citó expresamente dichos libros Deuterocanónicos; pero de las 350 citas del Antiguo Testamento contenidas en el Nuevo, 300 están directamente tomadas de la versión griega «de los setenta». Dieciocho de estas citas están tomadas de la Sabiduría, Eclesiástico y Judit.

Estos libros debieron ser familiares a los cristianos de los primeros siglos, pues en las catacumbas se han encontrado pinturas que se refieren a ellos. Una de estas pinturas es la escena de Susana con los ancianos que la calumniaron (Dn 13).

Aproximadamente hasta el año 200 d. C., estos libros fueron propiedad indiscutida de la Iglesia. Pero llegó un momento en que no parecieron tan adecuados para el diálogo con los judíos, que hacia el año 100 habían vuelto al canon hebreo. Esta cuestión se convirtió entonces en motivo de discusión dentro de la primitiva Iglesia.

Antes que el Concilio de Trento (1546) fijara definitivamente el número de los libros de la Biblia, éstos ya habían sido aprobados por los concilios de Cartago (397), Hipona (393) y Laodicea (363). También los Papas Inocencio (401), Gelasio (492-496) y Dámaso (366-384) habían aprobado su uso. Y el concilio de Florencia (1441) había fijado el mismo número de libros.

De manera que para cuando M. Lutero, se separa de la Iglesia católica se lleva la Biblia consigo, de la que reconocerá sólo 66 libros, se lleva consigo el legado de un trabajo de Gigantes realizado dentro de la Iglesia Católica.

Fuente: Por que y Porque MSP

1. ¿Por qué la Biblia no es como otros libros?. Apologetica




Para los cristianos –Antiguo y Nuevo Testamento-, como para los judíos –Antiguo Testamento–, son consideradas Revelación de Divina. La doctrina de la Iglesia sobre este punto siempre ha sido clara. Heredó de Israel el amor a los Libros Santos, el celo por salvaguardarlos y la disponibilidad para encontrar en ellos el mensaje divino para cada tiempo. Prueba de ello es lo que llamamos Nuevo Testamento, pues fue escrito teniendo como fondo el mensaje del Antiguo Testamento. Los evangelios son un testimonio claro. Por ejemplo el evangelio de san Mateo: Inicia conectando el mensaje de Dios a los antepasados con lo sucedido en Jesucristo; lo hace a través de las llamadas citas de cumplimiento: «Esto sucedió para que se cumpliera lo dicho por el profeta…» (Mt 1, 22-23; cf. 1, 5-6; 2, 15. 17-18. 23).

De igual manera, desde la época antigua, los Santos Padres hicieron comentarios directos a la Sagrada Escritura, versículo por versículo, en algunos casos; de manera que la pastoral, la teología, la catequesis, es decir, todo estaba impregnado de la espiritualidad de la Palabra. San Agustín, san Jerónimo, san Gregorio Magno y otros dejaron todo un tesoro en la riqueza espiritual de la Iglesia.

La época medieval también contribuyó con lo suyo: comentarios y tratados a propósito de la Biblia; surgieron grandes expositores de la enseñanza de la Escritura: santo Tomás de Aquino, san Buenaventura, entre otros.

Actualmente a través de la Constitución Dei Verbum, del Concilio Vaticano II, la Iglesia ha expuesto su fe milenaria en los Libros Santos. Este documento contribuyó enormemente en el rumbo que la Iglesia había de tomar en los tiempos recientes. En ella se insiste en hablar de Revelación de Dios y el valor que tiene, para los hombres: «Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres, por medio de Cristo Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina» (DV 2). Esta revelación tenía que permanecer íntegra: «Dispuso Dios benignamente que todo lo que había revelado para la salvación de los hombres permaneciera íntegro para siempre y se fuera transmitiendo a todas las generaciones» (DV 7).

De manera que a través de la predicación oral, primero, y después, poniendo por escrito el mensaje, transmitieron el Evangelio. Poner por escrito el mensaje no fue iniciativa exclusiva de los hombres, ante todo es fruto de la acción del Espíritu Santo; Dios es su autor: «Las verdades reveladas por Dios que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo… tienen a Dios por autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia» (DV 11).

La Sagrada Escritura no es, pues, un recetario o colección de doctrinas cristianas, es ante todo, testimonio perenne de la condescendencia de Dios y de su misericordia por el hombre: «En la Sagrada Escritura, pues, se manifiesta salva siempre la verdad y la sabiduría de Dios, la admirable condescendencia» de la sabiduría eterna, «para que conozcamos la inefable benignidad de Dios, y de cuánta adaptación de palabra ha usado teniendo providencia y cuidado de nuestra naturaleza» (DV 13).

De modo que para penetrar en el misterio de Dios, que se nos manifestó en Jesucristo: «lléguese, pues, gustosamente, al mismo texto sagrado, ya por la sagrada liturgia, llena del lenguaje de Dios, ya por la lectura espiritual, ya por las instituciones aptas para ello… pero no olviden que debe acompañar la oración a la lectura de la Sagrada Escritura para que se entable el diálogo entre Dios y el hombre; porque a Él hablamos cuando oramos y a Él oímos cuando leemos las palabras divinas» (DV 25).

Por todo lo que nos dice la constitución «Dei Verbum» podemos entender el por qué de la primacía y valor de la Biblia. No es sólo un texto de lecturas edificantes y sabios consejos. Su lectura y meditación con una guía y preparación adecuada, nos pone en sintonía con la gracia que impregna toda la vida. El hombre, alimentado y empapado por el mensaje del texto, desarrolla una espiritualidad de la Palabra –nacida de ella– que la convierte en «lámpara para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119, 105).

La Sagrada Escritura es tan necesaria en nuestro tiempo como lo fue para el Israel antiguo y como lo fue para los primeros cristianos, a fin de comprender el misterio de Jesucristo; y en ello, ilumine y oriente su vida; sea revestido de fortaleza ante las seducciones y grandes tentaciones, para no desfallecer ante lo fuerte de las luchas cotidianas.

Fuente: Por que y Por que? MSP


344. ¿Por qué se pronuncia en realidad la Iglesia también acerca de cuestiones éticas pertenecientes a la vida personal? -CATEQUESIS


La fe es un camino. Cómo se mantiene uno en este camino,  es decir, cómo se vive de forma justa y buena, no siempre se  deduce de las indicaciones del Evangelio. El MAGISTERIO de la Iglesia también debe recordar a los hombres las  exigencias de la ley moral natural. [2032­2040, 2049­2051] No hay una doble verdad. Lo que es correcto desde el punto de vista  humano, no puede ser falso desde el punto de vista cristiano. Y lo  que es correcto para el cristiano no puede ser falso humanamente.  Por eso la Iglesia debe pronunciarse acerca de todas las cuestiones  morales.

2040. Así puede desarrollarse entre los cristianos un verdadero espíritu filial con respecto a la Iglesia. Es el desarrollo normal de la gracia bautismal, que nos engendró en el seno de la Iglesia y nos hizo miembros del Cuerpo de Cristo. En su solicitud materna, la Iglesia nos concede la misericordia de Dios que va más allá del simple perdón de nuestros pecados y actúa especialmente en el sacramento de la Reconciliación. Como madre previsora, nos prodiga también en su liturgia, día tras día, el alimento de la Palabra y de la Eucaristía del Señor.

2049. El Magisterio de los pastores de la Iglesia en materia moral se ejerce ordinariamente en la catequesis y la predicación tomando como base el Decálogo que enuncia los principios de la vida moral válidos para todo hombre

2051. La infalibilidad del Magisterio de los pastores se extiende a todos los elementos de doctrina, comprendida la moral, sin los cuales las verdades salvíficas de la fe no pueden ser salvaguardadas, expuestas u observadas

343. ¿Cómo nos ayuda la Iglesia a llevar una vida buena y responsable? -CATEQUESIS-



En la Iglesia somos bautizados. En la Iglesia recibimos la fe que ella  ha conservado íntegra a través de los siglos. En la Iglesia escuchamos  la Palabra viva de Dios y aprendemos cómo debemos vivir si  queremos agradar a Dios. Mediante los SACRAMENTOS, que Jesús  ha confiado a sus discípulos, la Iglesia nos edifica, conforta y  consuela. En la Iglesia arde el fuego de los santos, para que nos  dejemos encender en él. En la Iglesia se celebra la sagrada  EUCARISTÍA en la que la entrega y el poder de Cristo se renueva de  tal modo para nosotros que, unidos a él, nos convertimos en su  cuerpo y vivimos por su fuerza. Nadie puede ser cristiano al margen  de la Iglesia, a pesar de las debilidades humanas que hay en ella.  [2030­2031, 2047]

2030. El cristiano realiza su vocación en la Iglesia, en comunión con todos los bautizados. De la Iglesia recibe la Palabra de Dios, que contiene las enseñanzas de la ―ley de Cristo‖ (Ga 6, 2). De la Iglesia recibe la gracia de los sacramentos que le sostienen en el camino. De la Iglesia aprende el ejemplo de la santidad; reconoce en la Bienaventurada Virgen María la figura y la fuente de esa santidad; la discierne en el testimonio auténtico de los que la viven; la descubre en la tradición espiritual y en la larga historia de los santos que le han precedido y que la liturgia celebra a lo largo del santoral.

2031. La vida moral es un culto espiritual. Ofrecemos nuestros cuerpos ―como una hostia viva, santa, agradable a Dios‖ (Rm 12, 1) en el seno del Cuerpo de Cristo que formamos y en comunión con la ofrenda de su Eucaristía. En la liturgia y en la celebración de los sacramentos, plegaria y enseñanza se conjugan con la gracia de Cristo para iluminar y alimentar el obrar cristiano. La vida moral, como el conjunto de la vida cristiana, tiene su fuente y su cumbre en el Sacrificio Eucarístico.

342. ¿Debemos todos ser «santos»? -CATEQUESIS-


Sí. El sentido de nuestra vida es unirnos a Dios en el  amor, corresponder totalmente a los deseos de Dios.  Debemos permitir a Dios «que viva su vida en  nosotros» (beata Teresa de Calcuta). Esto significa  ser «santo». [2012­2016, 2028­2029] Todo hombre se hace la pregunta: ¿Quién soy yo? ¿Para qué estoy aquí? ¿Cómo puedo ser yo mismo? La fe responde que  sólo en la SANTIDAD llega el hombre a ser aquello para lo  que lo creó Dios. Sólo en la santidad encuentra el hombre la  verdadera armonía consigo mismo y con su Creador. Pero la  santidad no es una perfección hecha a medida por uno  mismo, sino la unión con el amor hecho carne, que es  Cristo. Quien de este modo logra la nueva vida se encuentra  a sí mismo y llega a ser santo.

2012. ―Sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman [...] a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos; y a los que predestinó, a ésos también los llamó; y a los que llamó, a ésos también los justificó; a los que justificó, a ésos también los glorificó‖ (Rm 8, 28-30).

2016. Los hijos de la Santa Madre Iglesia esperan justamente la gracia de la perseverancia final y de la recompensa de Dios, su Padre, por las obras buenas realizadas con su gracia en comunión con Jesús (cf. Concilio de Trento: DS 1576). Siguiendo la misma norma de vida, los creyentes comparten la ―bienaventurada esperanza‖ de aquellos a los que la misericordia divina congrega en la ―Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, [...] que baja del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo‖ (Ap 21, 2).

2028. “Todos los fieles cristianos [...] son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad” (LG 40). “La perfección cristiana sólo tiene un límite: el de no tener límite” (San Gregorio de Nisa, De vita Moysis, 1, 5).

2029. “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” (Mt 16, 24).  

341. ¿Se puede ganar el cielo mediante las buenas obras? -CATEQUESIS-


No. Ningún hombre puede alcanzar el cielo  simplemente por sus propias fuerzas. Ser  redimidos es pura gracia de Dios que, sin  embargo, exige la cooperación libre del  hombre, que es meritoria por gracia. [2006­ 2011, 2025­2027] Por más que seamos salvados por la gracia y por  la fe, tanto más debe mostrarse en nuestras  buenas obras el amor que hace brotar la acción de  Dios en nosotros.

2006. El término ―mérito‖ designa en general la retribución debida por parte de una comunidad o una sociedad a la acción de uno de sus miembros, considerada como obra buena u obra mala, digna de recompensa o de sanción. El mérito corresponde a la virtud de la justicia conforme al principio de igualdad que la rige. 

2011. La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito tanto ante Dios como ante los hombres. Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia. «Tras el destierro en la tierra espero gozar de ti en la Patria, pero no quiero amontonar méritos para el Cielo, quiero trabajar sólo por vuestro amor [...] En el atardecer de esta vida compareceré ante ti con las manos 604 1998 492 1460 459 915, 2545 825 774 vacías, Señor, porque no te pido que cuentes mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de ti mismo» (Santa Teresa del Niño Jesús, Acte d'offrande á l'Amour miséricordieux: Récréations pieuses-Priéres)

2027. Nadie puede merecer la gracia primera que constituye el inicio de la conversión. Bajo la moción del Espíritu Santo podemos merecer en favor nuestro y de los demás todas las gracias útiles para llegar a la vida eterna, como también los necesarios bienes temporales. 

340. ¿Cómo se relaciona la gracia de Dios con nuestra libertad? -CATEQUESIS-


La gracia de Dios sale al encuentro del hombre  en libertad y lo busca y lo impulsa en toda su  libertad. La gracia no se impone por la fuerza. El  amor de Dios quiere el asentimiento libre del  hombre. [2001­2002, 2022] A la oferta de la gracia se puede también decir que no.  Sin embargo la gracia no es nada exterior o extraño al  hombre; es aquello que desea en realidad en lo más  íntimo de su libertad. Dios, al movernos mediante su  gracia, se anticipa a la respuesta libre del hombre.

2022. La iniciativa divina en la obra de la gracia previene, prepara y suscita la respuesta libre del hombre. La gracia responde a las aspiraciones profundas de la libertad humana; y la llama a cooperar con ella, y la perfecciona.

2001. La preparación del hombre para acoger la gracia es ya una obra de la gracia. Esta es necesaria para suscitar y sostener nuestra colaboración a la justificación mediante la fe y a la santificación mediante la caridad. Dios completa en nosotros lo que Él mismo comenzó, ―porque él, por su acción, comienza haciendo que nosotros queramos; y termina cooperando con nuestra voluntad ya convertida‖ (San Agustín, De gratia et libero arbitrio, 17, 33): «Ciertamente nosotros trabajamos también, pero no hacemos más que trabajar con Dios que trabaja. Porque su misericordia se nos adelantó para que fuésemos curados; nos sigue todavía para que, una vez sanados, seamos vivificados; se nos adelanta para que seamos llamados, nos sigue para que seamos glorificados; se nos adelanta para que vivamos según la piedad, nos sigue para que vivamos por siempre con Dios, pues sin él no podemos hacer nada» (San Agustín, De natura et gratia, 31, 35).

2002. La libre iniciativa de Dios exige la respuesta libre del hombre, porque Dios creó al hombre a su imagen concediéndole, con la libertad, el poder de conocerle y amarle. El alma sólo libremente entra en la comunión del amor. Dios toca inmediatamente y mueve directamente el corazón del hombre. Puso en el hombre una aspiración a la verdad y al bien que sólo Él puede colmar. Las promesas de la ―vida eterna‖ responden, por encima de toda esperanza, a esta aspiración: «Si tú descansaste el día séptimo, al término de todas tus obras muy buenas, fue para decirnos por la voz de tu libro que al término de nuestras obras, ―que son muy buenas‖ por el hecho de que eres tú quien nos las ha dado, también nosotros en el sábado de la vida eterna descansaremos en ti» (San Agustín, Confessiones, 13, 36, 51).